¿Alcanzan los árboles de la ciudad de Santa Fe para atemperar los efectos del cambio climático?

“La gestión de la infraestructura verde urbana va a convertirse en un desafío cada vez mayor dado que los efectos del cambio climático se van a acentuar”, advierte Damián Castro. La mirada de un especialista en silvicultura urbana. Qué debe hacer el municipio y qué los ciudadanos.

El cambio climático, las quemas ilegales en zonas de islas, la sequía, el calor muchas veces agobiante y la necesidad de contar con pulmones verdes para resistir en la vida cotidiana en la ciudad de Santa Fe, ponen el foco en el arbolado público. Algunas décadas atrás -por ejemplo- se plantaron gran cantidad de árboles en las veredas del microcentro. Sólo algunos sobrevivieron. También en aquel entonces hubo reparos a esta medida. ¿Era esa una solución? ¿Tiene hoy Santa Fe la cantidad suficiente de árboles? ¿En qué estado se encuentran los actuales? Y ¿se pueden podar o retirar en cualquier época del año?

El investigador Damián Castro es especialista en silvicultura urbana y responde aquí esos y otros interrogantes de interés público. Es ingeniero Forestal y doctor en Cs. Agrarias. Sus investigaciones las aborda desde el Departamento de Producción Vegetal de la Universidad Nacional del Litoral, donde es docente, y en Conicet.

-Castro, ¿cuáles son los beneficios de la forestación urbana?

-Para responder esta pregunta debemos imaginarnos por un segundo cómo hubiera sido la vida en la ciudad de Santa Fe durante la última ola de calor sin la sombra de los árboles, por mencionar un ejemplo. Los beneficios que obtenemos los ciudadanos de la infraestructura verde provienen de su capacidad para brindar servicios. Estos servicios hacen que nuestra vida en las ciudades sea mejor, literalmente. Por ello es necesaria una gestión adecuada, para que los árboles puedan realizar sus funciones vitales.

-¿Cómo está la ciudad de Santa Fe en materia de forestación urbana?

-En mi opinión, Santa Fe está en una situación similar a la de otras ciudades de la provincia o del país. En general, tiene árboles muy añejos que fueron plantados cuando la ciudad tenía rasgos urbanos diferentes. Esto es: calles no pavimentadas, veredas con canteros más amplios, pocos edificios altos, menos tránsito vehicular, menos densidad de población, menos cantidad de cableados aéreos y servicios subterráneos. Había especies que en esos momentos se pensaba que eran adecuadas para ese contexto. Pero el contexto y el conocimiento fueron cambiando, los árboles que se plantaron fueron creciendo y hoy se observan distintos conflictos.

-¿Cuáles son esos conflictos en la infraestructura verde urbana?

-Hay árboles muy grandes y añejos que quedaron en lugares con poco espacio subterráneo y aéreo de crecimiento. Esto provoca diferentes conflictos del árbol como parte de la infraestructura verde urbana, con la infraestructura gris (que comprende las calles, las veredas, las luminarias, los tendidos eléctricos, etc), o con actividades humanas como el tránsito vehicular o peatonal en algunos casos. Incluso también se observan árboles que presentan algún nivel de riesgo importante para la seguridad de los bienes o las personas; aquellos que tienen una probabilidad alta de que alguna rama se desprenda o que se produzca una falla del árbol entero, normalmente por malas prácticas de intervención durante décadas (poda principalmente), porque ya están cumpliendo con su vida útil o porque el entorno en el que están se volvió demasiado restrictivo para su crecimiento.

-¿Hay que quitar los árboles añejos?

-No necesariamente, la extracción es la última opción y esa decisión debe ser evaluada por los ingenieros de la Municipalidad, que están formados en silvicultura urbana. Los servicios ambientales que nos aporta esa infraestructura verde urbana exceden ampliamente los conflictos que provocan. Por eso es importante que los municipios tengan planes rectores adecuados para un correcto diseño y gestión de esta infraestructura verde, cuya columna vertebral son los árboles del arbolado público, pero que también comprende a los espacios verdes públicos y a la vegetación y/o bosques o grupos de árboles que se encuentran en el área rural circundante a la ciudad que pueden ser públicos (nacionales, provinciales, municipales, de la universidad) o privados.


Plaza. La San Martín y sus añosos árboles, ubicada en el microcentro de la ciudad, rodeada de cemento.
Foto: Fernando Nicola

Especialistas
Luego Castro destacó que “en lo que respecta a la estructura de gestión de la Municipalidad de Santa Fe, el área de infraestructura verde se encuentra bien jerarquizada dentro del organigrama institucional, y a cargo de un profesional del área de las ciencias Agrarias y Forestales con formación en silvicultura urbana (Milagros Gasser es la coordinadora del área de Arbolado Urbano de la ciudad), lo cual es una condición necesaria para una correcta gestión de todos los componentes de dicha infraestructura, y en particular del arbolado público”.

-¿Cuáles son, a su criterio, los problemas que tiene la ciudad en esta materia?

-Los problemas más evidentes en la ciudad provienen de al menos tres factores fundamentales: la edad del arbolado y su devenir histórico de los últimos 40-50 años; el tamaño de la infraestructura verde y de su componente estructurador: el arbolado público; y los cambios en la fisonomía urbana que se produjeron durante la vida del arbolado que vemos ahora, cambios que ocurrieron durante el último medio siglo o más.

-Y en base a estos problemas, ¿cuál es el desafío del gobierno local?

-El desafío de la gestión es abordar un arbolado mayoritariamente en edad madura a sobre madura en algunos casos, que es muy numeroso (mis estimaciones arrojan un valor entre 170.000 y 230.000 árboles sin contar los existentes en espacios verdes públicos) y disperso en un área extensa (Santa Fe tiene una extensión total de calles de 1.200 km aproximadamente) con recursos limitados en relación al tamaño de la infraestructura a mantener.

Falta de información
Por otro lado, la ciudad “no cuenta con un relevamiento del arbolado público actualizado y de acceso público”, advierte Castro, “lo cual dificulta un análisis con datos duros de la realidad y los problemas prioritarios en cada zona de la ciudad”.

“Esta falta de información seguramente también afecta la toma de decisiones que ordenen la situación a mediano y largo plazo por parte del área a cargo de la gestión del arbolado público -consideró Castro-. No se puede gestionar eficientemente lo que no se conoce detalladamente. Se realizan acciones para resolver la coyuntura, el aquí y el ahora, pero no se puede tomar decisiones que despejen “el mañana” y ordenen las tareas para que el uso de recursos sea más eficiente en el tiempo”.

-¿Qué consecuencias tiene la falta de información precisa sobre el estado del arbolado?

-Durante días de vientos moderados, por ejemplo, en ocasiones ocurre una gran caída de ramas y algunos árboles. Si en esos casos, se hubiera tenido información sobre en qué puntos de la ciudad estaban los árboles con mayor probabilidad de fallas (árbol entero o ramas) ante eventos moderados, se podría haber organizado el trabajo para ir tomando acciones preventivas para minimizar el impacto de esos eventos, como por ejemplo podas o extracciones programadas en esas zonas.

Estar mejor preparados…
La gestión de la infraestructura verde urbana va a convertirse en un desafío cada vez mayor dado que los efectos del cambio climático se van a acentuar. Un ejemplo es la intensa sequía que se está viviendo; eso provoca mortalidad de árboles o un deterioro muy marcado en su salud que disminuye su vida útil y su capacidad de brindar servicios ambientales.

Otro ejemplo es la aparición de plagas en situaciones que antes no eran problema, como por ejemplo la aparición de la “chinche de encaje” que causa mortalidad en los jacarandás. Los jacarandás se plantaron normalmente en espacios verdes o en bulevares; ¿Se sabe en la ciudad de Santa Fe en cuantos espacios verdes y bulevares hay jacarandas y cuántos de ellos están afectados por esta plaga? ¿Se sabe cómo va avanzando? Yo no tengo la respuesta a esas preguntas. Si se contara con información sobre la composición actual del arbolado en términos de porcentaje de especies presentes, se podrían tomar decisiones sobre qué especies son más adecuadas para nuevas plantaciones o reposiciones pensando en adaptabilidad, valor paisajístico, requerimientos agronómicos, etc.

-¿Y en qué grado incide el cambio climático en relación al arbolado actual de la ciudad?

-Actualmente el riesgo del impacto negativo que el cambio climático puede tener sobre el arbolado público (y los servicios que brinda) es alto, porque en varias ciudades, y Santa Fe no es la excepción, 4 ó 5 especies representan más del 50% del total del arbolado ¿Qué pasaría si aparece una nueva plaga que afecte a alguna de esas especies? -se pregunta el especialista- O si se dan ciclos prolongados de sequías o inundaciones para los cuales las especies que dominan el arbolado no están adaptadas.

Pulmón. Vista del Parque Federal, el corazón verde de la ciudad. Foto: Fernando Nicola.

Los Fresnos…
Más adelante, Castro detalla que una de las especies más presentes en el arbolado de Santa Fe “es el Fresno, que no necesariamente se adapta bien a condiciones de estrés hídrico y altas temperaturas que empezarán a ser más frecuentes, dado que es una especie originaria de un clima templado frío y relativamente húmedo”.

En síntesis, “el desafío de la actual gestión de Santa Fe (y las que vendrán), como la de todas las ciudades, es maximizar los servicios ambientales de los árboles y extender su “vida útil”, disminuyendo los impactos negativos en el contexto del cambio climático y hacer todo esto al menor costo posible en términos de recursos humanos, tiempo, recursos financieros y herramientas, porque los municipios también tienen que atender simultáneamente otras problemáticas que demandan recursos”, dice Castro.

-¿Qué especies se deben plantar en la ciudad de Santa Fe y por qué?

-Para emitir una opinión sobre este punto hay que tener un conocimiento acabado de las restricciones ambientales que existen en la ciudad de Santa Fe. Conocer las restricciones de espacio que impone la infraestructura gris (anchos de veredas, altura de edificios, salientes de los edificios, profundidad de servicios enterrados). Eso sirve para delimitar la “paleta” de especies que uno puede elegir teniendo en cuenta el valor paisajístico de cada una. Hace unos años atrás hubo una zonificación realizada por la Municipalidad que establecía qué especie se iba a poner en cada lugar. Desconozco si esto se modificó o no y en qué criterios se basó. Normalmente las especies nativas de la zona de la ciudad de Santa Fe (ver Qué especies…) funcionarán mejor ante las restricciones ambientales que especies originarias de zonas con climas totalmente diferentes. Otro atributo a tener en cuenta es el valor estético, que siempre es relativo, pero que también es importante.

QUÉ ESPECIES DE ÁRBOLES SE RECOMIENDA PLANTAR EN LA CIUDAD DE SANTA FE

Chañar (Geoffroea decorticans)

Aromito (Vachellia caven)

Algarrobos (Prosopis alba)

Timbó blanco (Albizia inundata)

Timbó colorado (Enterolobium contortisiliquum)

Sangre de drago (Croton urucurana)

Curupí (Sapium haematospermum)

Ingá (Inga uraguensis)

Tusca (Vachellia aroma)

Ceibo (Erythrina crista-galli)

Horquetero (Tabernaemontana catharinensis)

-¿Qué puede hacer la ciudadanía, por fuera de los planes gubernamentales, para promover la forestación de la ciudad?

-No debería haber acciones de la ciudadanía por fuera de los planes gubernamentales porque, aunque la intención sea buena, puede generarse un problema en lugar de aumentar los servicios que brinda la infraestructura verde. Así como no sacaríamos una luminaria o un transformador de energía eléctrica del frente de nuestra casa porque no nos gusta o nos molesta, tampoco debemos hacerlo con un árbol, ni podarlo sin autorización. Tampoco debemos plantar cualquier especie en el frente de nuestra casa. Sencillamente porque estaríamos interfiriendo con el correcto mantenimiento del arbolado, y podríamos atentar contra su longevidad e incluso convertir un árbol seguro en uno inseguro por una mala práctica de poda o generar conflictos futuros por plantar árboles inadecuados.

También tenemos que entender como ciudadanos que para cuidar la infraestructura verde urbana no siempre es necesario plantar más árboles; en muchas situaciones es más importante cuidar adecuadamente los que ya están. Es más, muchas veces se hacen campañas privadas de plantación de árboles (promovidas por ONGs por ejemplo) que luego terminan en la totalidad de la plantación perdida porque nadie hizo el cuidado posterior porque no estaba planificado o porque no se contaba con los recursos.

UN ÁRBOL PARA CADA PUNTO DE LA PROVINCIA
Un equipo técnico forestal interinstitucional de la provincia de Santa Fe (ETFI), del que participan diversas instituciones públicas o privadas de la provincia (UNL, UNR, INTA, Ministerio de Ambiente, Ministerio de la Producción, Colegio de Ingenieros Agrónomos) publicó una lista orientadora de especies adecuadas para el arbolado público para las distintas ecorregiones de la provincia (https://www.santafe.gob.ar/index.php/web/content/download/240740/1269190/fi)

-El concejal Saúl Perman (“Mejor”) propuso plantar árboles frutales en la vía pública, ¿es factible?

-Eso es algo que está demostrado que genera más conflictos que beneficios. Es inadecuado ese planteo para el arbolado público de alineación, sencillamente porque el objetivo del arbolado público de alineación es brindar servicios ecosistémicos de regulación del microclima de la ciudad y servicios culturales de recreación, y no de generar alimentos.

-¿Hay zonas en las que se recomienda no plantar árboles?

-Sí. En zonas donde el espacio entre la línea municipal de edificación y el cordón sea menor a 1-1,5 m. Se debe dejar por lo menos 90 centímetros desde la línea de edificación para que pase adecuadamente una silla de ruedas o un cochecito, pero además hay que considerar el espacio que va a necesitar la copa del árbol cuando el ejemplar sea adulto.

Penínsulas
En la zona del microcentro de la ciudad o en la parte más antigua, donde las veredas son muy angostas y existe un tránsito vehicular intenso, no hay espacio para plantar árboles tal como está la situación actual. Pero a la vez es una zona bastante desprovista de árboles.

¿Qué se puede hacer en estos casos?

Una posible solución para ello sería hacer lo que se denomina una plantación “en península”. Esto implicaría sacrificar un espacio de estacionamiento vehicular cada una cantidad prudente de metros y en ese espacio hacer los trabajos necesarios para habilitar ese suelo para el crecimiento de un árbol, siempre que no haya interferencia con la infraestructura subterránea. Si bien esto requiere de una evaluación particular en cada calle, es una estrategia que se utiliza adecuadamente en otros países y también en el nuestro para generar cobertura arbórea en lugares donde las veredas son muy angostas. Si podemos reservar espacios de estacionamiento vehicular con destino a ampliar la capacidad de clientes de bares y restoranes de forma permanente, ¿por qué no podríamos sacrificar ese mismo espacio para plantar árboles y mejorar el microclima de la ciudad en esos lugares donde más se los necesita?

-¿Decir que las ciudades deben tener un árbol cada tres habitantes es mito o verdad?

-En realidad, pensando desde la realidad del interior de la Argentina, donde el Estado debe satisfacer múltiples necesidades con un presupuesto finito, cada municipio o comuna debería tener en principio un tamaño de su infraestructura verde que sea capaz de mantener adecuadamente con los recursos con los que cuenta y pueda brindar servicios adecuados a sus ciudadanos. Y a la par diseñar planes rectores y planes operativos que le permitan administrar esa infraestructura para que sea de calidad y planificar su crecimiento en consonancia con el crecimiento poblacional haciendo un uso eficiente de los recursos.

Es ilógico pensar que, si se tiene capacidad para regar y hacer poda de formación a 2.000 árboles por año, por poner un ejemplo, se deberían plantar 10.000 para cumplir con alguna “regla”. Eso conduciría a un fracaso. He visto fracasar ese tipo de iniciativas de plantar “x” árboles por habitante por no tener la capacidad de cuidarlos los 2 ó 3 años posteriores.

Muchas de esas reglas no tienen ninguna base científica que las respalde. Incluso se hace referencia a que la ONU sugiere que debe existir 9 metros cuadrados de espacio verde público por habitante, cuando nunca se encontró un documento donde se haga referencia a ese valor. No existe un número mágico de árboles por habitante que esté relacionado con una calidad determinada de la infraestructura verde.

La regla 3-30-300
Hay una regla muy interesante, que tampoco es un principio universal sustentado por la ciencia pero que se basa en conocimiento científico, que se llama regla 3-30-300 y fue propuesta por el Dr Cecil Konijnendijk, de la Universidad de Columbia Británica (Canadá). Esta regla es muy interesante porque pone de relevancia la importancia de la calidad de la infraestructura verde y la accesibilidad a los servicios culturales que nos brinda esa infraestructura. Propone que todas las personas deberíamos ver al menos 3 árboles de un tamaño mediano-grande desde las ventanas de nuestras casas, debería haber al menos un 30% de cobertura de copas de árboles en cada barrio y deberíamos tener la posibilidad de acceder a un espacio verde público de calidad que esté ubicado como máximo a 300 metros de nuestro domicilio.

Esta regla pone de relevancia que no importa solo el número de árboles en el arbolado público, sino que también importa que podamos acceder a una superficie razonable de espacios verdes y que exista una interconexión planificada entre todos los componentes de la infraestructura verde urbana.

Esto es muy importante si se piensa que en un país como eL nuestro más del 90% de la población vive en pueblos o ciudades, lo cual está muy por encima de la media mundial que ronda el 50%. Si el 90% de las personas vive en las ciudades, entonces es muy importante que esas ciudades tengan una infraestructura verde de calidad y de fácil acceso y acorde a la densidad poblacional de esa localidad porque es necesaria para el bienestar de la comunidad, hay estudios que lo demuestran.

En este sentido, la fundación Bunge & Born financió la creación del Atlas de Espacios Verdes en Ciudades Argentinas donde se mapeó y se evaluó la accesibilidad de los espacios verdes públicos en 155 localidades del país, incluida santa fe y su conurbano. Esto es una iniciativa interesante que podría servir de apoyo para la toma de decisiones en cuanto al manejo de la infraestructura verde en diferentes ciudades, incluida la ciudad.

Participación ciudadana en el cuidado de los árboles
 
Existen muchas experiencias exitosas de participación ciudadana para el cuidado de la infraestructura verde dentro y fuera de nuestro país. Una experiencia muy interesante es la que se dio en Chile, donde la articulación entre diferentes sectores de la sociedad civil condujo a un proceso de creación de una ley nacional de arbolado público.

En la localidad de Avellaneda, provincia de Buenos Aires, se dio una experiencia muy interesante de articulación entre la Universidad Nacional de Avellaneda, la Municipalidad de Avellaneda y el “Programa Jóvenes con Más y Mejor Trabajo” para realizar el censo del arbolado del partido de Avellaneda. Los jóvenes se formaron en tareas de relevamiento, fueron claves para generar la información que no existía y esa experiencia los motivó para terminar el secundario e incluso algunos se anotaron en carreras universitarias.

Otro ejemplo de participación ciudadana en el relevamiento del arbolado se dio en la ciudad de General Pico (la pampa) donde jóvenes de distintas escuelas secundarias y profesorados participaron del relevamiento.

Y otra iniciativa interesante fue la de la Municipalidad de Ceres (Santa Fe), que en enero de este año lanzó el desafío “Riego mi árbol amigo” para fomentar la participación ciudadana en el cuidado de la infraestructura verde tratando de mitigar el estrés hídrico y por alta temperatura de los arboles durante la ola de calor que vivimos que además acentuó el efecto de la sequía.

Si bien existen estas experiencias es necesario que el Estado coordine y motorice estas iniciativas en articulación con organizaciones de la sociedad civil, para que puedan ser sostenidas en el tiempo.

Acciones individuales de participación ciudadana para proteger la infraestructura verde también comprenden la denuncia podas o extracciones ilegales.

Fuente: El Litoral

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